¿Qué cambiaría en la seguridad minera si cada decisión de inversión debiera demostrar cómo reducirá la exposición de las personas a peligros capaces de causar una fatalidad? La pregunta sitúa la prevención en un momento decisivo: cuando se define cómo será una faena y cómo
se trabajará en ella. El método de explotación, la ubicación de los equipos, los accesos y las condiciones de mantenimiento determinan exposiciones que pueden prolongarse durante décadas. Incorporar esa mirada al diseño abre una oportunidad concreta para fortalecer la protección de quienes trabajan en la minería chilena.
¿Por qué es relevante avanzar en esta dirección?
El balance presentado por SERNAGEOMIN en octubre de 2026 registró 659 personas fallecidas en 586 accidentes fatales entre 2000 y el 6 de octubre de ese año. Los eventos asociados a roca, caídas desde altura y vehículos o equipos concentraron 413 fallecimientos, el 62,7 % del total (Electrominería, 2026). Estos antecedentes obligan a examinar dónde podemos ampliar la capacidad preventiva. Sin anticipar las causas de accidentes bajo investigación, corresponde preguntarnos qué condiciones de exposición podrían modificarse desde las decisiones que configuran las operaciones.
La Prevención desde el Diseño, conocida como Prevention through Design o PtD, ofrece un enfoque para responder. Consiste en identificar peligros y comparar alternativas de eliminación, sustitución y protección de ingeniería antes de consolidar una solución (National Institute for Occupational Safety and Health [NIOSH], 2025). La propuesta es evaluar su incorporación explícita, verificable y proporcional al Reglamento de Seguridad Minera. Su fundamento es que, cuando la seguridad influye en la selección del proyecto, es posible reducir exposiciones que posteriormente exigirían controles permanentes. Esa capacidad de anticipación debe convertirse en evidencia que acompañe la aprobación de inversiones y modificaciones relevantes.
¿Cómo se traduce esto en una faena?
Al comparar alternativas de explotación a cielo abierto o subterránea, deben examinarse los escenarios geotécnicos, la ventilación, el transporte, las rutas de escape y la interacción persona-equipo. En mantenimiento, la ubicación de un componente determina cómo se accederá a él, cómo se aislarán sus energías y qué maniobras requerirá su retiro. Un punto de inspección accesible puede reducir trabajos en altura; una segregación física puede disminuir encuentros peligrosos. Evaluar esas opciones, con participación de operadores y mantenedores, permite incorporar su experiencia a las decisiones de ingeniería y reconocer los nuevos riesgos que cada alternativa pudiera introducir.
Para que ese análisis tenga consecuencias, debe comenzar en el caso de negocio y avanzar por prefactibilidad y factibilidad hasta convertirse en especificaciones de ingeniería y compras. La construcción y la puesta en marcha deben comprobar que las medidas seleccionadas estén incorporadas y funcionen. El criterio también debe anticipar desmantelamiento, estabilidad física y exposición residual durante el cierre y postcierre. Así se conecta la decisión inicial con la protección efectiva durante la vida del activo.
Esa conexión debe mantenerse cuando cambia la operación. Si aumentan el material que se procesa o las distancias de transporte, o se modifican la dotación y las ventanas de mantenimiento, ¿siguen siendo suficientes el diseño y sus controles? La respuesta requiere contrastar las metas con los rendimientos reales, la variabilidad y las necesidades de intervención. Integrar PtD a la gestión del cambio permite revisar esas condiciones junto con las decisiones productivas. Complementa, además, los controles críticos del ICMM y los enfoques basados en energía, como la rueda de la energía y HECA, utilizando ese conocimiento para definir soluciones y verificar su desempeño desde la ingeniería (Hallowell & Oguz Erkal, 2024; International Council on Mining and Metals [ICMM], 2026).
¿Es económicamente viable exigir este análisis?
La evaluación debe considerar el ciclo de vida completo. PtD puede requerir más recursos de estudio y diseño, pero también puede evitar modificaciones, retrabajos e intervenciones posteriores. Comparar únicamente la inversión inicial dejaría fuera costos operacionales, confiabilidad, mantenibilidad y exposición residual. Los modelos de evaluación de PtD permiten examinar estas relaciones (Tymvios & Gambatese, 2019). Los beneficios deben demostrarse por proyecto y las obligaciones de protección deben cumplirse aun cuando su valor no pueda expresarse como retorno financiero.
La discusión económica también debe reconocer las consecuencias de los accidentes. El 13 de agosto de 2025, Codelco estimó inicialmente una merma de producción de entre 20.000 y 30.000 toneladas de cobre fino tras el accidente de El Teniente, equivalente a aproximadamente US$ 300 millones (Codelco asiste a la Comisión de Minería y Energía del Senado para informar sobre accidente en El Teniente, 2025). Esa referencia corresponde a producción no realizada, no a utilidad perdida ni a costo fiscal. A las consecuencias empresariales se suman el daño irreparable a las familias y las demandas sobre servicios públicos. Un estudio interinstitucional que distinga costos empresariales, fiscales, del seguro social y sociales ayudaría a fundamentar las decisiones preventivas, evitando dobles conteos.
¿Cómo incorporar el enfoque sin duplicar permisos?
La propuesta plantea integrar PtD a los procesos existentes de proyectos, inversiones y gestión del cambio. La evidencia mínima debería mostrar los peligros graves identificados, las alternativas consideradas, la solución seleccionada, los riesgos residuales y la verificación de entrega. La profundidad del análisis debe ajustarse a la escala, complejidad y criticidad de cada faena, manteniendo en el titular la responsabilidad por su ingeniería. El propósito regulatorio es que pueda comprobarse cómo una decisión de diseño mejora las condiciones de seguridad.
La experiencia internacional aporta fundamentos para desarrollar esos criterios. Australia aborda la seguridad durante el ciclo de vida; el Reino Unido asigna deberes preventivos a los diseñadores mediante CDM 2015; Singapur contempla revisiones de diseño seguro, y Nueva Zelanda establece responsabilidades para diseñadores de equipos y estructuras (Health and Safety Executive, s. f.; Safe Work Australia, s. f.; Workplace Safety and Health Council, s. f.; WorkSafe New Zealand, 2018). Sus alcances son distintos y requieren adaptación a la minería chilena. El aprendizaje común es incorporar responsabilidades, revisión temprana y trazabilidad a las decisiones que influyen en la exposición futura.
La minería chilena tiene el desafío de producir más y mejor, y de sostener su posición de clase mundial haciendo de la protección de la vida un criterio central de sus decisiones. Cada trabajador que ingresa a una faena debe poder regresar a su hogar. Detrás de ese compromiso hay familias, compañeros y comunidades para quienes una pérdida es irreparable. Por eso, la capacidad técnica con que desarrollamos proyectos y resolvemos desafíos productivos también debe expresarse en nuestra capacidad de anticipar peligros y reducir la exposición de las personas.
Desde nuestro rol técnico, tenemos la responsabilidad de aportar conocimiento y propuestas que ayuden a hacer una minería más segura. La Prevención desde el Diseño ofrece un camino para llevar ese compromiso a las decisiones de ingeniería e inversión y fortalecerlo durante toda la vida de una faena. Ponemos esta propuesta a disposición de las autoridades, los trabajadores y la industria para contribuir a su discusión y aplicación. La minería de clase mundial que queremos seguir construyendo debe demostrar su excelencia también en la forma en que protege a quienes la hacen posible.


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