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En Atacama, no todo lo que brilla es cobre

Javier Bronfman, director de SYM plantea en FOREDE 2026 que la riqueza minera debe traducirse en oportunidades que permanezcan en la región.
Sence Atacama
En Atacama, no todo lo que brilla es cobre
Javier Bronfman

FOREDE 2026 vuelve a poner sobre la mesa una pregunta decisiva para el futuro de Atacama: ¿cómo transformar el crecimiento que puede generar la minería en desarrollo y bienestar que permanezcan en la región?

Atacama enfrenta una paradoja. Es una región extraordinariamente rica en recursos naturales y con enormes perspectivas de inversión, pero esa capacidad para generar riqueza no necesariamente se traduce en mejores condiciones de vida para sus habitantes. La minería representa el 44,7% del PIB regional y la cartera minera identificada para 2025-2034 alcanza los US$16.992 millones. Al mismo tiempo, un 20,2% de la población se encuentra en situación de pobreza multidimensional, frente al 17,7% nacional. Aunque corresponden a períodos diferentes y no implican causalidad, estas cifras plantean la pregunta de fondo: ¿cómo lograr que la riqueza generada en Atacama se traduzca en oportunidades y bienestar para quienes viven en ella?

Desafío de convertir riqueza en bienestar

Esa es la conversación que debe trascender FOREDE 2026. Atacama necesita inversión, nuevos proyectos, mayor productividad y más empleos locales. Sería un error contraponer crecimiento y desarrollo. Pero sería igualmente equivocado asumir que son lo mismo. Más toneladas de mineral no significan automáticamente más desarrollo, así como más inversión no garantiza, por sí sola, mayor bienestar.

El verdadero valor aparece cuando inversiones, decisiones y capacidades se articulan en torno a objetivos comunes y una visión de largo plazo. Por eso, el éxito regional no puede medirse únicamente por cuánto crece el PIB, cuánto aumenta la inversión o cuánto mineral se exporta. Debemos preguntarnos cuánto de ese crecimiento queda instalado en Atacama en forma de empleos de calidad, proveedores regionales competitivos, infraestructura, conocimiento, capital humano y calidad de vida.
En definitiva, se necesita pasar del crecimiento a la conversión de valor: transformar la riqueza generada en Atacama en capacidades que permanezcan en Atacama. Las decisiones que hoy se adopten sobre nuevas faenas, agua, energía, infraestructura y logística condicionarán la estructura económica y territorial de la región durante décadas. No basta, entonces, con acelerar proyectos individualmente, se debe construir en conjunto.

Diversificación productiva

La infraestructura desempeña aquí un papel fundamental. Agua, energía, puertos, corredores, ferrocarriles y conectividad pueden limitarse a habilitar proyectos específicos o transformarse en activos compartidos capaces de generar nuevas oportunidades. Esto exige pensar Atacama como un sistema y no como una suma de proyectos. La región, además, es mucho más que minería. Tiene un extraordinario borde costero, alta montaña, agricultura, cielos excepcionales, enorme potencial energético, patrimonio, cultura, turismo y el extraordinario desierto florido.

Por eso, la opción no es minería o diversificación. El desafío es utilizar la potencia de la minería para construir una economía progresivamente más diversificada. Una minería sofisticada y sostenible puede impulsar proveedores locales, formación técnica, innovación, servicios especializados e infraestructura al servicio de otras actividades productivas.

Lo positivo es que el diagnóstico está ampliamente compartido y existe una Estrategia Regional de Desarrollo 2024-2034 que ofrece una base para avanzar. El desafío ahora es ejecutar, y ejecutar requiere gobernanza efectiva. No se trata de crear más mesas o comisiones, sino de contar con capacidad colectiva para establecer prioridades, coordinar decisiones, movilizar recursos y transformar acuerdos en resultados. Porque el desarrollo no consiste solamente en extraer valor del territorio, sino en crear valor en el territorio.

Una visión de futuro para la región

Esa es quizás la mayor oportunidad que deja FOREDE 2026: construir un acuerdo regional capaz de transformar la riqueza de Atacama en bienestar, oportunidades y capacidades duraderas. Porque en Atacama no todo lo que brilla es cobre. También pueden brillar sus playas y montañas, su agricultura y sus cielos, su energía y sus emprendedores, sus comunidades, sus jóvenes y su desierto florido.

El desafío de esta generación es lograr que el crecimiento no simplemente pase por Atacama, sino que construya región y desarrollo compartido para las generaciones que vienen.