Actualmente, las energías renovables representan cerca del 52% de la capacidad instalada en Chile. Sin embargo, los vertimientos por falta de infraestructura de transmisión han alcanzado récords históricos, presionando a la industria y a las autoridades a buscar soluciones urgentes de almacenamiento y flexibilidad.
Menos emisiones
La industria enfrenta hoy un doble mandato paradójico: producir más minerales críticos para la transición energética global, pero hacerlo con menos emisiones y costos competitivos. Esta ecuación no se resuelve con promesas, sino con ingeniería aplicada y decisiones de inversión inteligentes, como lo ha demostrado el impulso e inversión en desaladoras que abastecen a la minería y con ello a la comunidad.
Para lograrlo, tres palancas son fundamentales. Primero, la electrificación inteligente: más allá de cambiar diésel por electricidad; hay que rediseñar cómo y cuándo se consume energía. Una electrificación bien planificada, en línea con el desarrollo del plan minero, reduce la huella y el costo por tonelada; una mal ejecutada solo dispara el CAPEX y los riesgos.
Segundo, la integración de renovables con almacenamiento. Más allá de los contratos de energía verde (PPA), el paso lógico es incorporar soluciones solares y eólicas on-site con baterías. Además, es imprescindible mejorar la infraestructura eléctrica de transmisión, que actualmente representa un cuello de botella para el desarrollo y conexión eficiente de estas fuentes renovables. Esto permite aplanar la curva de consumo, reducir tarifas de hora punta y asegurar respaldo, generando ahorros estructurales.
Tercero, la gestión digital. Sin medición precisa, no hay descarbonización creíble. Sensores e IoT permiten detectar “ineficiencias invisibles”, pasando de una gestión reactiva a una estrategia que reduce emisiones y costos simultáneamente.
Operación resiliente
Un factor crucial es la continuidad operacional. Las soluciones que combinan renovables, almacenamiento y automatización son “más verdes” y hacen a la Operación Minera más resiliente frente a fallas o clima extremo. Cada dólar invertido en descarbonización debe mejorar también la eficiencia y seguridad.
La verdadera “minería cero emisiones” se debe construir desde una cartera coherente de proyectos técnicos y resultados medibles, más allá de compromisos sin acciones concretas. Porque finalmente esta carrera no la ganará el mejor relato, sino la mejor ingeniería al servicio de una visión clara: producir lo que el mundo necesita con la menor huella posible.

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