Mundo Minería

Mundo Minería – informaciones para la Minería y la Industria. Noticias, notas de prensa columnas de opinión, videos, entrevistas, negocios, eventos, seminarios, bolsa de metales. Noticias y Negocios

Productividad minera: el verdadero retorno está en la integración operacional

La tecnología se integra a la operación diaria y mejora la toma de decisiones, la eficiencia y la competitividad.
Productividad minera: el verdadero retorno está en la integración operacional

La minería chilena enfrenta una exigencia cada vez más concreta, la cual es crecer en productividad cuando el escenario presenta operaciones más complejas, mayores presiones de costo y uso intensivo de recursos críticos. No es un desafío menor. Cochilco proyecta para 2024-2033 una cartera de 51 proyectos mineros por US$83.181 millones, considerando iniciativas con inversiones individuales superiores a US$30 millones. En una industria de esa escala, la discusión relevante no es cuánta tecnología se incorpora, sino cuánto de esa inversión logra traducirse en una operación más eficiente, más estable y más competitiva.

Productividad minera: el verdadero retorno está en la integración operacional
Gustavo Trevisan, VP de Minería de SONDA

Ese punto es clave porque la minería no compite solo por volumen, sino por capacidad de ejecución. La propia Cochilco monitorea variables como estructura de costos de producción, cash cost (C1), costo neto a cátodo (C3), resultados financieros, competitividad y proyecciones de consumo de energía y agua para la minería del cobre. Eso confirma que la presión económica del sector no está en una sola dimensión: está en la productividad integral de la operación. Cuando energía, agua, mantenimiento, logística, procesamiento y continuidad operativa pesan al mismo tiempo, una digitalización superficial simplemente no alcanza.

La integración operacional marca la diferencia

Ahí está la diferencia entre implementar tecnología e integrarla de verdad. Una faena puede sumar analítica, automatización, centros remotos o inteligencia artificial, pero si esas capacidades quedan encapsuladas en pilotos, áreas aisladas o tableros desconectados de la toma de decisiones, su impacto económico será marginal. El valor aparece cuando la tecnología entra en la operación diaria: en planificación, despacho, mantenimiento, gestión de activos, consumo energético, uso de agua, seguridad y coordinación entre mina, planta y logística. En ese momento deja de ser un proyecto digital y pasa a ser una capacidad productiva. Esa es la frontera donde se juega el retorno real.

La industria, además, ya identificó sus propias barreras. Un reportaje de “El País” sobre los desafíos de la minería chilena recogió que, pese a los avances en nuevas tecnologías, siguen presentes obstáculos de adopción, capacidades y cambio cultural. Ese diagnóstico es más importante de lo que parece. Porque en minería el problema ya no es acceder a tecnología, sino lograr que la organización la incorpore con disciplina operacional. La productividad no mejora porque exista machine learning, automatización o robótica; mejora cuando esas capacidades se usan con continuidad, se conectan entre sí y alteran la forma en que se decide y se ejecuta en terreno.

Por eso, la pregunta de fondo para la minería chilena no es cuántas soluciones digitales tiene una operación, sino cuánto valor económico logra capturar con ellas. En una industria sometida a presión permanente por costos, recursos y competitividad, la ventaja no estará en acumular tecnología, sino en integrarla a la lógica cotidiana del negocio. Modernizar una faena es relevante. Transformar su operación, en cambio, es lo que realmente permite ganar productividad, resiliencia y retorno sobre la inversión.