
El director del Centro Mario Molina Chile, Gianni López, destacó el potencial del hidrógeno como alternativa al diésel y complemento de la electromovilidad a batería. La entidad desarrolla un vehículo híbrido enchufable a hidrógeno orientado a operaciones de larga distancia. El hidrógeno verde en Chile comienza a avanzar desde la etapa de planificación hacia proyectos concretos de producción y demanda. En este escenario, el transporte pesado aparece como uno de los sectores con mayor potencial para incorporar esta tecnología, especialmente en actividades como la minería y la logística.
Así lo planteó Gianni López, director del Centro Mario Molina Chile, en el marco de Hyvolution Chile 2026. El especialista explicó que el hidrógeno puede competir tanto con los combustibles fósiles como con las baterías eléctricas en aquellos segmentos donde la autonomía y los tiempos de carga representan desafíos. Según López, la principal oportunidad está en los viajes de larga distancia realizados por camiones de gran tamaño, buses y otros vehículos que requieren una elevada autonomía y tiempos de recarga reducidos.
Hidrógeno y baterías
El ejecutivo explicó que el hidrógeno no necesariamente busca reemplazar a los vehículos eléctricos a batería. Ambas tecnologías pueden ocupar distintos espacios dentro de la transición energética. En recorridos urbanos y distancias inferiores a unos 250 kilómetros, las baterías presentan ventajas importantes. Sin embargo, en trayectos más extensos, el hidrógeno puede entregar mayor autonomía y reducir considerablemente los tiempos de carga. “Respecto a la batería en particular tiene más autonomía porque tiene más densidad energética y se carga más rápido”, explicó López.
Frente al diésel, en tanto, el hidrógeno ofrece una alternativa orientada a reducir las emisiones y disminuir la dependencia de combustibles fósiles. Este aspecto adquiere especial relevancia para la minería, industria que utiliza grandes cantidades de vehículos y equipos diésel. Además, la volatilidad del precio del petróleo puede aumentar los costos operacionales de las compañías.
CMM desarrolla vehículo híbrido a hidrógeno
El Centro Mario Molina cuenta con experiencia previa en procesos de incorporación de tecnologías de cero emisiones. López explicó que la institución participó en la planificación y definición de requerimientos tecnológicos para los buses eléctricos incorporados al sistema de transporte público de Santiago. Posteriormente, el trabajo se extendió a otras ciudades latinoamericanas y a compañías de sectores como minería y actividad forestal.
Entre las empresas con las que han trabajado se encuentran Antofagasta Minerals (AMSA), BHP, SQM y CMPC. Esta experiencia permitió identificar una brecha tecnológica en determinados vehículos que actualmente funcionan con diésel. “Nos dimos cuenta de que había distintos tipos de vehículos que eran diésel y que, si uno los quiere sustituir por batería, los de batería no iban a poder operar”, señaló López.
A partir de esa conclusión, el Centro Mario Molina desarrolló un primer prototipo en Europa. El vehículo realizó más de 5.000 kilómetros de pilotaje, experiencia que permitió avanzar hacia un nuevo proyecto desarrollado en Chile. La iniciativa cuenta con apoyo de Corfo a través del programa tecnológico H2 Transdrive, que también incorpora aportes privados.
Hasta 650 kilómetros de autonomía
El vehículo presentado por el Centro Mario Molina corresponde a un híbrido enchufable a hidrógeno. Su arquitectura combina baterías eléctricas con una celda de combustible. El modelo incorpora un pack de baterías de 140 kWh, que permite alcanzar una autonomía cercana a los 250 kilómetros utilizando únicamente electricidad proveniente de la red. A esto se suma una celda de combustible de 90 kW y cuatro tanques capaces de almacenar un total de 14 kilogramos de hidrógeno.
Con esta configuración, el vehículo puede sumar entre 400 y 450 kilómetros adicionales de autonomía. Además, el proceso de carga de hidrógeno puede realizarse en menos de seis minutos. Esta combinación busca resolver uno de los principales desafíos de la electrificación del transporte pesado: mantener una elevada autonomía sin extender excesivamente los tiempos de detención de los vehículos.
El modelo busca reducir el riesgo tecnológico
Uno de los principales obstáculos para la adopción de nuevas tecnologías en las empresas es el riesgo asociado a la inversión inicial y a la falta de experiencia con los nuevos sistemas. Para enfrentar esta barrera, el Centro Mario Molina desarrolló un modelo de negocio que busca separar la adquisición del vehículo del suministro y gestión de la tecnología de hidrógeno. La empresa puede adquirir el vehículo eléctrico, mientras que el Centro Mario Molina entrega bajo un esquema de arriendo el sistema de hidrógeno.
El módulo se instala detrás de la cabina e integra los tanques de hidrógeno, la celda de combustible, sistemas de refrigeración, tuberías, sistemas de carga y el computador de abordo. De esta manera, el cliente reduce su exposición al riesgo tecnológico. En caso de una falla de la celda de combustible, por ejemplo, el proveedor asume su reemplazo.
Menores costos de mantenimiento
López también destacó el potencial de reducción de los costos asociados a la operación y mantenimiento del vehículo. Según explicó, los costos de mantenimiento de este tipo de tecnología podrían representar entre un 20% y 30% de los costos de mantenimiento de un vehículo diésel, generando otra ventaja para las empresas que evalúen su incorporación. Sin embargo, la expansión de esta tecnología requiere también desarrollar capacidades técnicas especializadas.
Por ello, el Centro Mario Molina ya trabaja en la formación de profesionales y técnicos capaces de realizar labores de mantenimiento sobre las celdas de combustible, sistemas de válvulas y otros componentes asociados. La institución está desarrollando iniciativas con universidades y centros de formación técnica para avanzar en la preparación de especialistas.
Magallanes y Antofagasta concentran oportunidades
El siguiente desafío para el proyecto es avanzar hacia su escalamiento y generar las condiciones necesarias para su operación comercial. López explicó que actualmente existen gestiones en la Región Metropolitana, Valparaíso, Magallanes y Antofagasta, territorios donde identifican potencial para el desarrollo de infraestructura de carga de hidrógeno.
En Magallanes, el Centro Mario Molina prevé realizar pruebas junto a la empresa logística Swisslog, aprovechando el desarrollo de infraestructura asociada a proyectos de producción de hidrógeno. La estrategia también contempla trabajar en Valparaíso, donde existen iniciativas relacionadas con centros de carga, mientras que Antofagasta representa una zona especialmente relevante por su concentración de actividad minera. El objetivo es posicionar los vehículos desarrollados por el Centro Mario Molina cerca de los futuros centros de abastecimiento.
Demanda interna por hidrógeno
Para López, el desarrollo del hidrógeno verde requiere avanzar simultáneamente en producción e incorporación de nuevas aplicaciones. El país ya cuenta con proyectos orientados a producir hidrógeno a gran escala. Sin embargo, el especialista considera igualmente importante desarrollar demanda interna. “Ya pasamos de los PowerPoint y la idea de que esto puede ser una oportunidad que hay que aprovecharla a proyectos concretos”, afirmó.
En este escenario, el transporte pesado puede convertirse en uno de los mercados iniciales para el hidrógeno producido en Chile. A juicio del director del Centro Mario Molina, el desafío consiste en construir un ecosistema que permita aprovechar el hidrógeno tanto para exportación como para aplicaciones nacionales. Además del transporte, mencionó alternativas como el blending de hidrógeno con gas natural, ampliando los posibles usos de este energético.

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